¿Qué tiene que ver la brutalidad policiaca con la falta de participación y transparencia? Mucho

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La semana pasada vimos el video de un policía agrediendo a una persona sin hogar y paciente mental hasta tumbarlo de la silla de ruedas que utilizaba. Un vecino del área grabó el acto en su celular. Se reportó que el hecho ocurrió en el estacionamiento del Walgreens de Santurce.

Miles de personas repudiaron el acto que a todas luces era completamente injustificado. Lamentablemente, más que otra “manzana podrida” de la Policía de Puerto Rico, sabemos que el abuso de la policía constituye un problema sistémico, estructural, en el que las violaciones de derechos a las comunidades más vulnerables se incentivaron durante años en ese Departamento y nunca se establecieron mecanismos efectivos y confiables de rendición de cuentas para evitar la brutalidad policiaca. Ese problema sistémico es la razón primordial por la cual la Policía de Puerto Rico se encuentra bajo una reforma federal.

El incidente de la semana pasada es un claro ejemplo de la necesidad urgente de exigir verdadera participación comunitaria en el proceso de la Reforma y que se adopten mecanismos efectivos de rendición de cuentas. Hasta noviembre del año pasado, GRUCORPO estuvo colaborando con la Policía, comentando los borradores de procedimientos y políticas en un esfuerzo de añadir al proceso conocimiento desde el punto de vista de algunos sectores comunitarios y profesionales que han trabajado directamente o  han enfrentado el problema de abuso policíaco. Sin embargo, este proceso de colaboración fue interrumpido al exigir un compromiso de confidencialidad que milita en contra del principio de transparencia adoptado en el Acuerdo para una Reforma Sostenible de la Policía y de cualquier esfuerzo de generar política pública. El incidente de la semana pasada, el cual tuvo lugar a tres años de firmado el acuerdo, demuestra que queda mucho por hacer para lograr alcanzar los profundos problemas sistémicos que aún prevalece dentro de la Policía. Además, revela la necesidad de que se vuelva a abrir a la comunidad los borradores de políticas para que se provean herramientas adecuadas a los agentes para atender situaciones como estas, respetando los derechos civiles y humanos de las personas.

 

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? 

Mucho. GRUCORPO es una coalición de individuos y organizaciones comunitarias (todas partes interesadas) que aprovechamos la coyuntura de la reforma de la Policía para exigir participación, transparencia y promover una perspectiva de derechos humanos en la Uniformada. La Policía es el primer brazo del Estado ante la gente. Por eso, todos y todas debemos aportar a una transformación de la Policía hacia una profesional, comunitaria y solidaria en lugar de abusiva, represiva e ineficiente.

Parte de lo que GRUCORPO ha aportado al proceso de Reforma es, precisamente, una serie de recomendaciones comunitarias para las políticas en desarrollo bajo la reforma actual. ¿Qué tipo de políticas? Órdenes generales mediante las cuales se establecen las reglas y parámetros que seguirán los oficiales para desempeñar su trabajo. Son políticas públicas y nos afectan a todas las personas que vivimos en este País y debemos interactuar con la Policía. Algunos temas son: manejo de casos de violencia doméstica, uso de fuerza, movilización de la Unidad de Operaciones Tácticas, registros y allanamientos, trato a personas transexuales y transgénero, intervenciones con pacientes de salud mental, entre muchas otras.

Las comunidades cuentan con conocimiento e información invaluable que debe ser considerada en la elaboración de estas políticas. Por ejemplo, en lo pertinente al incidente que nos atañe, los agentes deben tener claro que su discreción al atender o intervenir con personas con impedimentos o que manifiestan problemas de salud mental, se debe ajustar las estrictas exigencias que les requiere la ley. La ley requiere se les reconozca acomodo razonable; que el uso de fuerza debe usarse solo si es necesario, escalonado y razonable; que se debe procurar en momentos de crisis la ayuda médica necesaria. Miembros de la comunidad, específicamente los defensores de las personas con impedimentos o los que proveen servicios a personas sin hogar, cuentan con conocimiento detallado sobre esas exigencias y su participación asegura que estos principios se adopten en el proceso de elaboración de políticas. De hecho, recientemente GRUCORPO entregó a la Policía sus recomendaciones para intervenciones en crisis con pacientes de salud mental.

Aunque el policía que agredió a la persona sin hogar la semana pasada actuó arbitrariamente, sin ceñirse a los protocolos legales, es importante que organizaciones y comunidades como las agrupadas en nuestra coalición puedan aportar a tiempo y significativamente al desarrollo de estas políticas nuevas que regirán a la Policía del futuro para que no sigan ocurriendo episodios de abuso y violaciones de derechos como este.

 

Las Políticas deben estar abiertas al público

El Superintendente de la Policía ha manifestado que, para seguir compartiendo las políticas en desarrollo con GRUCORPO, sus miembros deben firmar un acuerdo con una cláusula de confidencialidad. Esto es incompatible con el principio de transparencia y robusta participación comunitaria del acuerdo.

GRUCORPO se compone de organizaciones y personas interesadas en el tema de la reforma de la policía pero de ninguna manera podemos alegar representación de todas las comunidades en Puerto Rico. Es por eso que no estamos de acuerdo en prometer confidencialidad a la Policía. Por el contrario, nuestro rol es compartir la información  del proceso de reforma con la mayor cantidad de personas posible e incentivar así la robusta participación comunitaria que necesita un proceso como este, que nos afecta directamente a todos y  todas. Aún más, sostenemos que como en muchísimas otras jurisdicciones, las políticas deben estar abiertas al público.

Tanto los oficiales del Departamento de Justicia federal como el Asesor técnico de cumplimiento de la Reforma, Arnaldo Claudio, han manifestado estado de acuerdo con que las políticas se hagan accesibles al público. De hecho, existen decenas de ejemplos de otras jurisdicciones en Estados Unidos donde la Policía comparte los borradores de sus políticas con toda la ciudadanía para recibir sus comentarios e incorporarlos previo a la última versión aprobada. Hasta en la prensa se discuten los borradores de las políticas tanto en Estados Unidos como en otros países.

La Policía es una institución conservadora, resistente al cambio, Además, dado su historial, tiene un serio problema de confianza entre la ciudadanía, lo que a nosotros mismos nos representaba un gran desafío. ¿”Colaborar” con la Policía? Eso le suena sospechoso a mucha gente, en especial a organizaciones y personas que han sido críticas de la Policía y que incluso se han resignado a que ésta no tiene salvación posible.

Pero la reforma de la Policía está en marcha. Con sus virtudes y defectos, con todas sus contradicciones incluso, es una oportunidad tal vez única para transformar a la Policía de Puerto Rico. En términos prácticos, a través de la elaboración de una política pública cuya implementación de estar asegurada, ayuda a aliviar la terrible situación de muchas comunidades y sectores experimentan día a día con la brutalidad policíaca y la tensión social que crea la cultura de violencia que por años a prevalecido dentro de la Policia. El alto mando de la Policía debe estar abierto a las críticas de las comunidades, para   que pueda dirigir un cambio de mentalidades tan profundo como el que es menester en una institución como esa.

 

Nos importa más de lo que nos duele

Constantemente nos preguntamos por qué la Policía -a decir verdad, nuestro Gobierno en general- alimenta esta perenne vocación abortiva. ¿Por qué es incapaz de capitalizar en las oportunidades positivas que tienen de frente? ¿Por qué esa insistencia en amputarse a sí mismos? En todo caso, ¿no debimos ser nosotros, las víctimas, quienes rechazáramos colaborar con una institución que tanto nos ha maltratado?

Sin embargo, no ha sido así. Estamos ahí porque, pase lo que pase, esa seguirá siendo la Policía de nuestro país. Porque el primer frente del Estado ante la gente no puede ser una amenaza, un trago amargo o temerario. Porque otra Policía tiene que ser posible si queremos un país desarrollado, moderno, libre de impunidad y respetuoso de los derechos de cada uno de sus residentes. Estamos y seguimos ahí porque es nuestro deber. Y porque nos importa más de lo que nos duele.

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